No entraba dentro de mis propósitos hacer comentarios políticos o sociales pero algunos acontecimientos sucedidos recientemente en Barcelona exigen posicionamientos claros, aunque sea desde un blog como este. Estoy hablando en concreto de esas ‘movilizaciones ciudadanas’ en contra de los negocios regentados por ciudadanos chinos.
Según estos individuos, que siempre niegan ser racistas, no se puede aguantar que, textualmente, estén acabando con los negocios tradicionales, lo compren todo, arruinen la industria textil y no den trabajo a los españoles. Es obvio que el racismo, la envidia y la ignorancia se esconde tras estas manifestaciones. Así lo demuestran día tras día quienes se niegan a preguntarse quién es el que vende, porqué y qué mal hacen unos negocios que no crean problema alguno de orden público como sí hacen los bares, restaurantes, discotecas y clubs de alterne.Alguno, en un alarde de cosmopolitismo palurdo, se atreve a esgrimir que ‘esto se está convirtiendo en un Chinatown’, como si eso fuera algo negativo. Qué más quisiéramos algunos que tener en Barcelona un Chinatown como el que existe en los países anglosajones, fuente de ingresos turísticos e intercambio cultural. Otros, igualmente iluminados, dicen no tener nada en contra de ellos pero que ‘mejor se vayan a otro barrio’. Eso sí, que se quede alguna tienda de todo a cien y un par de zapaterías de esas baratas que nos vienen muy bien. De asco, oiga.
Barcelona sufre desde hace tiempo de una invasión de cafeterías usamericanas y nadie dice nada, por no hablar de esa industria textil que ‘se encuentra arruinada’ pero que no para de abrir nuevos comercios en las zonas más caras de la ciudad (y no son chinos, se trata del monopolio gallego!).
¿Qué es pues lo que les enrabia? Ni más ni menos, que sean chinos. Sus familiares (propietarios catalanes) venden los negocios al doble de precio y luego envían a sus hijos a la calle a protestar, igual que sucedió en Elche con las naves zapateras, una hipocresía ombliguista y profundamente racista que ciega los ojos a la ciudadanía menos dispuesta a utilizar el cerebro y facilita el juego a los medios de desinformación del estado.
Cuando las empresas españolas han hecho el ‘agosto’ en Asia, fabricando, importando y comprando materiales a precios de risa no había quejas pero claro, que intenten saltarse intermediarios y vengan aquí no se puede permitir.
¿No quieren comercio libre y capitalismo salvaje?... Pues toma dos tazas.
Señores, hay otros problemas más graves como el dinero negro y la especulación inmobiliaria y eso no atañe sólo a los ciudadanos chinos, también a los catalanes de siempre, a bancos, inmobiliarias, especuladores, politiquillos, alcaldes de cualquier ciudad costera del país y a los que han traducido pesetas a euros sin asomo de vergüenza. Lean, viajen y piensen, aunque sea por una vez. Y cuando lo hayan hecho, vayan a votar, antes no (aunque puede que después les parezca todo tan repugnante que decidan pasar de todo).PD_Las fotos que acompañan el post son del Chinatown de San Francisco, a algunos nos encantaría tener algo así en esa Barcelona plural que nos cuentan pero que no vemos.

1 comentarios:
Los Starbucks se reproducen por esporas y son feos de huevos, cierto, además de que entienden el café sin tabaco, como las viejas chochas. Barcelona apesta hace tiempo, tío, apesta mucho.
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